lunes, 30 de mayo de 2016

Luis F. F. Simón: 'En clave de Sol'

Bien documentada, bien estructurada y lo que es aún más difícil: creíble. 'En clave de Sol' es la primera novela del escritor granadino Luis F. F. Simón. Recoge el mito pitagórico de la música de las esferas y traslada su búsqueda a los tiempos actuales. Convivirán en la novela un dj, una abogada y un 'neuromúsico' con Pitágoras, Beethoven, Mozart y los masones de la Rosacruz. Ansían encontrar el legado de Pitágoras: la música que producen los planetas en su rotación y cuya armonía trascenderá al ser humano. Repasarán las culturas más ancestrales del planeta y en peligro de extinción, guardianes de los más profundos secretos armónicos. Como siempre, os mostramos un fragmento de la novela:


"Miko se estremeció. Las voces femeninas bañaban el tema principal de "La Danza del Sol" con una pátina de profunda melancolía, un quejido apenas audible que iba girando hacia un lamento sobrenatural. Es como si la propia montaña en cuyo vientre se encontraban se manifestara como portavoz de la madre tierra, elevando un desgarrador grito a toda la humanidad. Todos los allí presentes sintieron cómo infinitos siglos de historia se manifestaban a través de las yemas de sus dedos, la sudoración de sus manos, el temblor de sus pies, sus arrebatadas voces, dirigiendo un mensaje, que provenía de una dimensión invisible, hacia los cielos".
"Miko confirmó en su propia piel la energía que desde un principio había percibido en esa canción. Sus notas susurraban secretos y brillaba la magia en su melodía. Gozó de la belleza de la canción luchando consigo mismo para no caer irremediablemente rendido a los pies de la diosa de la música. No quería dejarla entrar de nuevo en su vida, pero ese tema le mostró quién era él en realidad, y la imagen se alejaba bastante del perfil que se había creado en Lisboa".
"Alicia quedó hipnotizada por el fuego, que parecía danzar al son de la música, y vio allí reflejada su alma. Los claros y oscuros de su vida se sucedían al compás de las llamaradas. Un centalla salió disparada hacia arriba".

Podéis escuchar a Luis F. F. Simón leer un pasaje de su novela 'En clave de Sol' en este vídeo de Canal Libretería:

jueves, 26 de mayo de 2016

Cuando la literatura se convierte en carne viva...

Roberto Villar Blanco: 'Tus dos nombres'

La televisión española ha sido (y es) para guionistas una dura prueba más propia, en muchas ocasiones, de un cruel entrenamiento de marines. Sujetos además a dispares (y disparatados) directores de orquesta ora indefinidos ora indecisos con los índices de audiencia. La selección natural de esta gimkana ha fructificado en una buena colección de escritores y en bastantes ocasiones, de buenos novelistas. Por citar dos ejemplos conocidos pero distintos: Boris Izaguirre o Jorge Díaz. Quizás no tan popular sea este otro: Roberto Villar, que también ha tenido que limar la pluma en esas mismas fraguas. Juzguen ustedes mismos. Aquí tienen un fragmento de su novela: 'Tus dos nombres'.


"Llamaron a la puerta sin hablar. Sólo tronó la puerta como atizada por un badajo de nudillos desmesurados. Irene apretó a su hija encapsulándola contra los males del mundo, sabiendo a un tiempo lo vano de su acto. Sergio sonrió ante el sobresalto instintivo de su mujer. Salma se miraba en el espejo como preguntándose si esa niña era ella. Una tranquilidad neblinosa sobrevino al instante y el baño se iluminó con tres sonrisas excesivas. Por un momento, todos vivieron dentro de una pausa poética con el fondo de la lluvia bisbiseando sobre los techos de la ciudad".
                "Entonces Ramírez gritó, decretando otra naturaleza". 
                "Papá y mamá se miraron con ojos que nunca habían tenido, tal vez quiso decir algo que no pudo; la angustia le crispó los dedos. Sergio también apretó el envoltorio blanco. Salma se conmovió cuando sus padres supieron lo que había tras esa voz militar. Irene se quedó adherida a su hija mientras buscaba en las paredes del baño una ventana que nunca había estado allí. Los ojos de Sergio se llenaron de pánico acuoso mientras imponía a sus manos gestos que impusieran calma. Fue con tres golpes que violaron el hogar. El estrépito final de la puerta de entrada se impuso como una orden de silencio al llanto incipiente de Salma, ahogándolo, congelando su gesto en una mueca nueva". 
            "Sergio y su mujer se despidieron con una urgentísima mirada desesperada, que tal vez pudieran interpretar en el futuro y tal vez no. Literalmente, a ambos les temblaban las piernas".

Podéis escuchar a Roberto Villar leer un pasaje de 'Tus dos nombres' en este vídeo de Canal Libretería:

martes, 24 de mayo de 2016

'Una vida en diez líneas de Word'

"Morir para vivir eternamente. Esa jugada con las que el destino premia a sus elegidos", así concluía Víctor Fernández Correas el martes pasado, 17 de mayo, su post de 'Una vida en diez líneas de Word'. Y efectivamente era Manolete. Enhorabuena a los que resolvisteis su reto. No estaba fácil. A continuación os enfrentáis a otra de sus originales descripciones:


Víctor Fernández Correas

Cordobés de pura cepa. De buena familia, estudió para ser algo en la vida. Aunque tuvo sus momentos como abogado le pudo la política, en la que hizo carrera. Y se hizo famoso por su elocuencia, por los argumentos que utilizaba y la manera de usarlos. Un lujo, y más comparado con lo que se estila en estos tiempos. Como era bueno -muy bueno- no le importó coquetear con el poder, lo que le reportó algún que otro disgusto. No por eso cesó en sus coqueteos con los que mandaban de verdad, de los que se alejó en cuanto vio que pintaba menos que la Tomasa en los títeres. Pero el que tuvo, retuvo, y al final se comió el marrón que otros tramaron a su espalda. Como aquello de unos crían la fama, etcétera. Y se largó con la conciencia tranquila y con ganas de apartarse, de verdad, de todo y de todos, que tampoco el mundo en el que vivía era muy de fiar. Por suerte quedó su legado, del que no hay día que nadie aprenda un poco. Que es mucho. El legado y lo que se aprende de él.

lunes, 23 de mayo de 2016

Fernando Gamboa: 'La historia de Luz'

Fernando Gamboa maneja con mucha habilidad un género por algunos denostado y por otros querido y disfrutado: la novela de aventuras. De hecho es uno de los escritores españoles más prolíficos y más vendidos indistintamente como ‘indi’ o bajo la batuta de las editoriales. Pero Fernando Gamboa posee además otros registros literarios sorprendentes. Uno de ellos es el que deseo presentarles. Se trata de una novela que se sale totalmente del guión de Gamboa: ‘La historia de Luz’. Y que les recomiendo encarecidamente que lean. Para que sepan de qué va este relato, La Libretería les ofrece a continuación el prólogo que el autor escribe:


“Hay algunas historias, tan hermosas, que no pueden dejar de ser contadas".
"Esta que tiene en sus manos, me la explicó una amiga colombiana mientras tomábamos tinto con almojábanas en un café de Cali, al sur de Colombia, y narra los increíbles episodios que, hace unos años, fueron protagonizados por una niña llamada Luz".
"Recuerdo que lloré emocionado en aquel café, mientras escuchaba el relato en boca de mi amiga. Pero no lágrimas de tristeza, sino de esa felicidad mágica, milagrosa, que tan pocas veces se deja ver y que cuando nos pasa siquiera rozando con la punta de sus alas, nos encoge el alma y deseamos revivirla una y otra vez, intuyendo que solo así tiene sentido todo lo demás. Y fue precisamente la necesidad de recrear aquel breve y perfecto momento de felicidad lo que me llevó a escribir este libro". 
"Honestamente, no me puedo considerar el autor aunque mi nombre aparezca en la portada, pues es la protagonista quien con su vida ha hecho posible cada línea en esta obra. Yo me he limitado a narrarla de la única manera que concebía hacerlo: humildemente y con el corazón en la mano". 
"Así, mi única pretensión ha sido ser todo lo fiel posible a los acontecimientos, y tratar que esta historia resulte tan conmovedora e inolvidable para usted como lo ha sido para mí. Tomar aquel instante de felicidad y sembrarlo en cada página de este libro, con la esperanza de que florezca ante sus ojos".
"Ojalá lo haya conseguido".

Si queréis, podéis escuchar y ver al autor leyendo un fragmento de 'Darkness', novela inédita y segunda entrega de las aventuras del Capitán Riley, en Canal Libretería:

viernes, 20 de mayo de 2016

Jordi Díez: 'El Péndulo de Dios'

Abordé con escepticismo lo que creí, en un principio, otro relato más sobre las reliquias de Jesús, pero enseguida me atrapó y descubrí una novela trepidante que va más allá de todo eso. No hay ni santos griales ni descendientes de María Magdalena. O sí, porque ¿quién es Mariam, además de una esenia bendecida por Yeixú (Jesús) y seguidora de Yuhana (San Juan)? En cualquier caso, a mi juicio, el auténtico leitmotiv de esta aventura con personajes históricos tan interesantes como Plinio, El Viejo, es el equilibrio universal entre la Luz y la Oscuridad y el debate interno de los contrarios: El Péndulo de Dios. Otra cosa. Hay quien critica la forma con la que resuelve Jordi Díez esta novela. A mi, particularmente, me dio en qué pensar. Sobre todo porque me cuesta creer en un mundo desesperanzado. 

Os dejo un fragmento con el que el autor relata la matanza que las legiones romanas hicieron sobre el pacífico e indefenso pueblo esenio:


"El terror había barrido la sabiduría y la paz de Secacah, dejando en su lugar un amasijo de cuerpos mutilados, una balsa de sangre en la que flotaban vísceras y miembros seccionados por la acción brutal de una espada. Eso era lo que habían hecho con los hombres, así que me temblaron las piernas solo de imaginar qué harían con nosotras. Abandoné mi cueva y corrí a refugiarme con el resto de las mujeres, que gritaban enloquecidas ante la amenaza cada vez más cercana de los quitim. Tuve la serenidad de tirar al vacío las escaleras de acceso a la cueva mayor, pero no sirvió de nada. Aquellos seres trepaban como bestias poseídas por una fuerza maligna que los hacía invencibles y terroríficos. Algunas mujeres prefirieron despeñarse por los acantilados antes de caer en sus manos. Los vimos alcanzar la primera cueva y entrar con las espadas en alto. Escuchamos el ruido húmedo de sus armas contra la carne de nuestras hermanas, pero no tuvimos más tiempo para ver el horrible espectáculo. También llegaron a nuestra cueva. Sus cuerpos manchados por la sangre de sus víctimas, los ojos sanguinolientos y sus piernas descubiertas, fuertes como las de un caballo. Empuñaban lanzas y espadas cortas que mataban en tajos precisos contra el cuello o las piernas. Algunos se entretenían violando cadáveres, mientras el resto continuaba con la matanza. Corrimos al fondo de la cueva, pero esos hijos del Diablo nos siguieron, entraron con nosotras y con los pocos niños que quedaban. Nos encajonaron entre la pared del fondo y sus espadas. Primero mataron a los niños, se los pasaban hasta que uno le clavaba la espada y lo levantaba en el aire para comprobar la resistencia de su cuerpo. El olor a orines se unió al terror, la sangre y los gritos".


Podéis escuchar a Jordi Díez leer otro pasaje de 'El Péndulo de Dios' en este 
vídeo de Canal Libretería:

martes, 17 de mayo de 2016

'Una vida en diez líneas de Word'

"Como al gato, al tipo de hoy lo mató la curiosidad. Una curiosidad oscura, negra y asfixiante", decía Víctor F. Correas en su post del 8 de mayo en esta sección. Se refiría a Plinio, el Viejo: "Suerte que allí había un chaval que no escribía mal", añadía. 

Aquí tenéis un nuevo reto para darle a la sesera y, como siempre, 'en diez líneas de Word':


Por Víctor Fernández Correas


Eso de llamarse como el padre no debe de ser bueno. Y más si llegas más donde no lo hizo tu progenitor. Y más aún si te conviertes en leyenda y tu nombre pasa de boca en boca, de oído en oído, de mirada en mirada. Los que te vieron, los que lo contaron. La eternidad, que es así de caprichosa. Al tipo de hoy el destino lo sacó del hambre con una condición cuyo fin, como siempre, se reservó. Mientras, le dio gloria y riquezas, fama y mujeres. Todo, todo lo que quiso lo tuvo en su mano. Salvo la vida. Ese fue el pacto secreto que sólo conocía el destino. O eso creía. Porque él también lo sabía. Su vida pendía de un hilo, y cada atardecer era una nueva oportunidad para vivir, para dejarse las pocas fuerzas que le quedaban en las entrañas de su amada. Rápido, rápido, siempre rápido. Así vivió en un mundo que era tan inmenso como mínimo. Ambas vertientes las conoció. Hasta que una negra sombra se encargó de anunciarle la caducidad de su pacto. Morir para vivir eternamente. Esa jugada con las que el destino premia a sus elegidos.

domingo, 15 de mayo de 2016

Mario Escobar: 'Canción de cuna de Auschwitz'

Probablemente esta primera confesión no sea relevante. Canción de cuna me dio la posibilidad de conocer a Mario Escobar. Gracias a sus novelas había descubierto el escondido genocidio armenio y gracias a su lectura la apasionante descripción de un oculto y joven Adolf Hitler. Por tercera vez, como las sagradas revelaciones, su última novela me ha desvelado el genocidio gitano.
Quizás ésta, segunda de las confesiones, probablemente os interese más. Canción de cuna no es una novela al uso de Mario Escobar. Es mucho más. Aunque él no lo reconozca, en ella el escritor se ha dejado la piel. Y se nota. Sus personajes (históricos, por cierto) os sorprenderán una y otra vez. Y cuando creáis que estáis ahítos de sensaciones, lo volverán a hacer. Además 'Canción de cuna de Auschvitz' dificilmente os resultará indiferente. Aquí os dejo uno mis fragmentos preferidos:


"Mengele ya no pasaba nunca por el campo gitano, lo solía ver desde la alambrada seleccionando a los pobres judíos húngaros que llegaban en oleadas interminables cada día a Birkenau. Desde la distancia parecía sereno, vestido con la misma pulcritud de siempre, como si el desmoronamiento del Tercer Reich y la descomposición progresiva de Auschwitz no le afectaran en absoluto. El doctor nos hacía llegar secretamente algunos alimentos, de alguna manera seguía protegiendo a mi familia, aunque fuera como el último resquicio de humanidad que aún le quedaba. Los guardianes, en cambio, parecían abatidos y furiosos al mismo tiempo. Mataban a los prisioneros a capricho, movidos por cualquier excusa, pasaban la mayor parte del día bebidos, ebrios de sangre y odio, como perros rabiosos que se encuentran acorralados y dan sus última dentelladas antes de desaparecer".
"El caos reinaba por doquier. Los nazis se sentían desbordados en todos los sentidos y sabíamos que, en cierta forma, nuestro campamento era un quebradero de cabeza para las autoridades del campo. Unas semanas antes, los soldados de la SS habían desalojado el campo de familias judío, durante varios días habían llevado a casi todos sus miembros en camiones hacia las cámaras de gas".



Si queréis, podéis escuchar y ver al autor leyendo otro fragmento de 'Canción de cuna de Auschwitz', acompañado en esta 'edición especial' por los escritores Jorge Díaz y Victor Fernández, y las escritoras Blanca Miosi y Kristel Ralston, en Canal Libretería: