martes, 10 de mayo de 2016

Víctor Fernández Correas: 'Cervantes tiene quien le escriba'

A Víctor, lo de escribir, le llegó 'tardío' y en La Vera cacereña, de donde le nacen sus raíces. Eso cuenta él. Y sin embargo en tan poco tiempo, sólo 16 años, ya ha hecho tanto ruido: 'La conspiración de Yuste' y la 'Tribu maldita'. (Si no las has leído, no sabes lo que te pierdes). Les presentamos ahora su última y más reciente obra: 'Cervantes tiene quien le escriba', a diferencia del coronel Aureliano Buendía que carecía de epistolario. No sólo escribe Víctor Fernández Correas* sino que comparte con 20 autores esta antología conmemorativa del padre de la novela. Con otra pecualiridad: los derechos de autor se destinan al Banco de Alimentos de Granada. Aquí tenéis uno de los relatos escritos por Víctor Fernández:


"En mis ojos vería que no había ningún miedo y que la muerte no tenía sitio en ellos, pues si yo estaba allí era para evitar que la siniestra dama recogiera su cosecha. Asintió en silencio, esbozó una media sonrisa y lo vi alejarse hacia la proa. Por última vez se giró y me lanzó una mirada decidida. Justo cuando tronaron nuestros cañones por primera vez. 
—¡Baaam! ¡Baaam! ¡Baaaam! ¡Baaaaam! 
Nuestras galeazas escupieron tal cantidad de fuego que varias galeras infieles saltaron por los aires. Y la muerte, imagínate, frotándose las manos. ¡Menudo festín estaba a punto de darse! 
—¡Que se pudran en el infierno! ¡A pique todas sus naves! ¡Muerte a todos ellos! La algarada creció entre los nuestros, encendidos por el recibimiento que dimos a las naves de Alí Pachá, almirante de la armada turca, que no tardó en reponerse. Ahora cierra los ojos e imagina decenas de embarcaciones colmadas de rabiosos marinos y soldados aproximándose a ti a gran velocidad. Los gritos de los turcos se oían cada vez más nítidos, crecía el estrépito de timbales y pífanos y el aire empezaba a llenarse del espeso y asqueroso humo provocado por los cañones. En ese momento sí que comenzaron los combates de verdad. Que fue cuando un soldado me ordenó que me pusiera a cubierto de inmediato. 
—¡Vuestra vida vale mucho más que cualquiera de las nuestras! 
Llovieron los proyectiles, cayeron los primeros soldados. Otros respondían a los infieles con peor saña. Los insultaban y disparaban con un odio tan encendido como las pavesas de sus arcabuces. 
—¡Meteos en la sentina y salvad a los que podáis! —me ordenó Don Diego de Urbina, que trataba de mantener la entereza de sus huestes ante las arremetidas de los turcos. Y allí me fui. En aquel espacio, que apestaba como nunca te podrás imaginar en tu vida por mucho que lo intentes, lector, sólo estaban los enfermos, que por eso no podían participar en la batalla. La sentina comenzó a llenarse de los primeros heridos. La sangre, el hedor, los gritos, los lamentos. Y entonces ocurrió la pesadilla que turbó mi sueño..."

*Víctor Fernández Correas colabora además con este blog de 'La Libretería' desde el viernes 6 de mayo con su sección: "Una vida en diez líneas de Word".


Podéis escuchar a Víctor Fernández Correas leer un pasaje de 'Cervantes tiene quien le escriba' en este vídeo de Canal Libretería:

domingo, 8 de mayo de 2016

'Una vida en diez líneas de Word'

Efectivamente, era Maximilien Robespierre. Enhorabuena para aquellos que adviniran, con sólo diez líneas de Word, el personaje histórico que describía el pasado viernes, 6 de mayo, el escritor y periodista Victor Fernández Correas. En las próximas diez 'líneas de Word' nos plantea un nuevo reto. ¿Quién es?

Por Víctor Fernández Correas


Como al gato, al tipo de hoy lo mató la curiosidad. Una curiosidad oscura, negra y asfixiante. Tela. Y murió relativamente joven, aunque para la época ya era viejo, que conste. Un rato viejo, desde luego. Se trabajó una larga carrera como militar, fue de un lado para otro, conoció, vivió, visitó, y más tarde le dio por poner todo su saber en negro sobre blanco. Porque no escribía mal, el tipo. Vino por aquí, donde permaneció alguna que otra temporada, se fue a la otra punta del continente, y de todo y de todos absorbió lo que pudo, que no fue poco. A modo de retiro se marchó al lado del mar, donde podía navegar y vivir una vida relativamente tranquila. Hasta que llegó la nube. La vio, quiso examinarla mejor, se acercó hasta ella, y lo puso a criar malvas. Una cosa extraña, muy extraña. Suerte que por allí andaba un zagal que tampoco escribía mal para recordar cómo fue el asunto. Que pone los pelos de punta cuando se recuerda, ya digo.

viernes, 6 de mayo de 2016

'Una vida en diez líneas de Word'


Víctor Fernández Correas


El protagonista de hoy es un político. Daba miedo, pero que mucho miedo. Venía de buena familia, por lo que pudo labrarse un futuro como abogado. Y comenzó a escribir, que no se le daba mal al tipo. Trabó amistad con filósofos, escritores, poetas… Llegado el momento dio un paso al frente y se convirtió en la bandera de todo lo que faltaba en su patria: libertades, democracia, igualdad… Y triunfó. Quizás porque fue un tipo íntegro, de moral rígida, fiel a sus principios. Hasta que perdió la cabeza. Él y otros muchos. Los nuevos tiempos, que se les fueron de las manos. La patria se convirtió en una merienda de negros -con perdón-, y las dentelladas se pudieron escuchar en todo el orbe, pues a ello ayudó la efervescencia que aupó al tipo y a sus acólitos hasta los más alto. Total, que hubo derramamiento de sangre -ríos y ríos, y no es una metáfora- y la muerte no daba abasto, encantada con el percal desatado. Al final de los finales el tipo aceptó a regañadientes el billete de ida que le expidió la Negra Señora. Se fue y volvió la paz. Cosas de la vida.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Carmen Grau: 'Nunca dejes de bailar'

Igual que Augusto se rebela contra su creador Miguel de Unamuno: “quiero ser yo, quiero vivir”, le dice; así mismo se insubordinan, o resignan, los protagonistas de ‘Nunca dejes de bailar’ contra un creador divino. Una novela apasionante con personajes apasionantes, donde no falta el “hombre feminista” que tanto le gusta a Carmen Grau, -más que reivindicar- solicitar, y donde encontrarás más de una historia de amor o desamor. Un relato donde la escritora barcelonesa juega con el tiempo, y los tiempos, como Einstein lo haría con las ondas gravitacionales. Como dice otro gran escritor: "¿Todavía no habéis leído ‘Nunca dejes de bailar’? No sé a qué esperáis". Ahí os dejo un fragmento:



"No me lo podía creer: le acababa de decir que se acabó y él insistía en que me llamaría. Pero yo tampoco tenía ganas de discutir. Además, ya había visto la caja de las pastillas,  todavía con el precinto, sin abrir. Días antes él me había pedido una, pero yo no tenía. Esa mañana, mientras yo aún dormía, debía de haber ido a comprarla para que yo la encontrara al despertar. ¿Estaba intentando hacerme sentir culpable o era él quien se sentía así?" (...)
"Mi padre no dice nada. Un abrazo en el entierro, eso fue todo. (...) Me da más pena que mi madre. Ella al menos habla con sus amigas. Él calla y yo me pregunto a qué pozo van a parar todas las emociones que sentimos los hombres y que la educación nos hace reprimir para aparentar una fortaleza varonil que no existe, que no es más que una coraza que nos aísla y recluye a cada uno en nuestra propia soledad. Mi padre y yo hemos estado sentados uno frente al otro, solos, y no hemos sido capaces de expresar nada."

Si queréis, podéis escuchar a Carmen Grau leer otro fragmento de 'Nunca dejes de bailar' y presentar su novela en Canal Libretería

martes, 3 de mayo de 2016

Nace 'Recalcitrantes', una nueva editorial terca, reacia y reincidente

Recalcitrantes nace con ánimo desafiante desde su mismo nombre. No es «recalcitrantes» un vocablo que cargue un sentido positivo; más bien remite a una «nube de etiquetas» flotando en una atmósfera de terquedad y hasta de tradicionalismo. Por querer invertir este sentido y, por una vez, jugar en territorio del natural adversario, «recalcitrante» para nosotras es quien, como dicen los diccionarios oficiales de la lengua, se caracteriza por ser terca, reacia, reincidente, obstinada, aferrada a una opinión o conducta.

Nos reconocemos en esa colección de adjetivos en nuestra relación con la literatura. Amamos los libros y nos obstinamos en que aquellos que amamos especialmente no desaparezcan. Por esta razón, Recalcitrantes Eds. se especializa en la edición de textos no inéditos, libros que han estado un tiempo en el mercado editorial para desaparecer después en la bruma del olvido de editores y lectores.
Nuestros libros han sido escritos por mujeres. Mujeres que han querido escribir ya sea apelando o sin apelar a su condición de mujeres. Mujeres cuyas singularidades se inscriben en un contexto que interpretan y en el que intervienen como mujeres, que desafían, se avienen, cuestionan o se parapetan en una relación constante con el mundo que no puede describirse sino como tensión creativa, bien sea en un formato de ficción o narrativa, bien sea como ensayo.
Recalcitrantes no es una editorial complaciente en la selección de títulos, pero sí aspira a que sus libros paseen sus virtudes ante el mayor número posible de ojos. Por esta razón, nos comprometemos con diseños atractivos y de fácil lectura. Porque amamos también el objeto libro pero sabemos que debemos justificar su valor con un precio adecuado a un mercado al que llegamos con el ánimo de contagiar la obstinación que caracteriza nuestra empresa.



Noelia Adánez. Está en la tarea de comprender el pasado desde sus años como investigadora y profesora en la universidad hace cerca de cinco lustros. En este presente continuo parece importarme más, sin embargo, lo pasado y su trabazón con distintas experiencias intelectuales y artísticas. Su mirada se ha ido desplazando hacia las literaturas y lo audiovisual, con el ojo siempre puesto en el retrovisor por ver qué es lo que, viniendo por detrás, todavía nos puede dar alcance. Noelia es politóloga, traductora y experta en feminismos. Participa en programas como «Contratiempo. Historia y Memoria», «En Clave Tuerka», «El Gabinete» de Onda Cero y «A vivir» de la Cadena Ser y colabora con el Teatro del Barrio.

Enrique García Ballesteros. Casi todo lo que sabe lo vio en una película o lo leyó en un libro. Cree que la humanidad en conjunto, comparativamente, no es gran cosa, pero que cada ser humano es un universo en peligro de extinción que tiene una capacidad infinita de influir en su entorno y de cambiar las cosas. Lo mira casi todo por un agujerito… su propia vida también. Es escritor, historiador, periodista, editor y diseñador gráfico. Lleva más de veinte años trabajando entre libros: leyendo, corrigiendo, montando una librería (Venir a cuento), haciendo entrevistas y escribiendo artículos de historia de la propaganda, del cine, del cómic… para revistas especializadas y para algunos de los principales medios de comunicación. También acaba de publicar su primer libro de relatos: Vidas mías (Lupercalia, 2015).

lunes, 2 de mayo de 2016

Heberto Gamero: 'Inventores: minibiografías ilegales'

'Inventores. Minibiografías ilegales' nos muestra el rostro humano de treinta y tres inventores a través de los ojos del escritor venezolano Heberto Gamero. Albert Einstein, Graham Bell, Newton, Thomas Edison, Marie Curie, Mary Anderson, Josephin Cochrane, son algunos de estos grandes hombres y mujeres. El autor refleja su aspecto más personal y humano, sus luchas y sus debilidades, y sobre todo el sacrificio íntimo que tuvieron que realizar para desarrollar sus inventos o realizar sus descubrimientos. Esos que nos permiten hoy en día a todos disfrutar una mejor calidad de vida.  Les ofrecemos un aperitivo de esta original obra. Así arranca  la vida de Walt Disney:


"-Lo siento, Ubbe, pero no puedo seguir con esto.
 -Pero, sólo ha pasado un mes...
 -Nos apresuramos un poco.
Así fue como terminó nuestro primer proyecto empresarial. Nos habíamos conocido en la Pesmen-Rubin Commercial Art Studio y desde el principio nos hicimos buenos amigos tal vez porque ganábamos lo mismo (cincuenta dólares al mes) o porque ambos éramos dibujantes. Pero cincuenta dólares no eran sufiucientes para un par de jóvenes ansiosos y ávidos de progreso. Así que nos despedimos de ese trabajo sin que importara lo que quedaba tras la puerta y decidimos montar nuestra propia empresa. No fue una decisión fácil, pero en aquellos años, y en aquel país que como el agua hervida burbujeaba de prosperidad, este par de jóvenes ambiciosos no vio obstáculo algunos en su futuro que les impidiera independizarse. Pero Walt era un muchacho muy perspicaz, muy atento a sí mismo y a todo cuanto le rodeaba, y consideró que aún no estaba listo para montar tienda aparte y al mes de separarnos de la agencia de publicidad, de habernos lanzado al abismo, me dijo eso de lo siento Ubbe, pero no puedo seguir con esto. Me sentí decepcionado, miserable, engañado, ¿adónde se habían ido nuestros planes, el nombre de nuestra naciente empresa, lo que esperábamos de ella?"

domingo, 1 de mayo de 2016

Jorge Urreta: '¿Quién dijo miedo?'

Este bilbaino tiene ya en su haber tres novelas: 'Decisiones', 'El año de la hortaliza' y esta que os presentamos: '¿Quién dijo miedo?' Recurrió con éxito a una campaña de mecenazgo para elaborar y publicar 'Venganza', que saldrá a la calle en los próximo meses. Informático de día y escritor de noche, aborda con la misma pasión la novela negra que la ciencia ficción: "Me gustan especialmente las historias que me sorprenden y me retan a probar formas de narración o recursos literarios con los que nunca antes me había atrevido", asegura Urreta.  '¿Quién dijo miedo?' lleva además de ésto: intriga, acción y misterio:



"Tanto tiempo como llevaba Aitor en el hospital había pasado ya Luis Segovia investigando el caso del centro comercial, que a diferencia de lo que la opinión pública pensaba, no había quedado cerrado, aunque tampoco era de los prioritarios. Segovia, antaño uno de los más condecorados inspectores de policía del país, llevaba cinco años en una silla de ruedas, consecuencia de un accidente de coche mientras perseguía a toda velocidad a un supuesto secuestrador. El departamento de policía le había ofrecido retirarse con la paga completa y una nueva medalla, pero él había solicitado un puesto administrativo o al menos algo que le permitiera investigar o ayudar en las investigaciones de otros. Llevaba más de quince años en la policía y quería retirarse como tal, y no como un lisiado, aunque no hubiera posibilidades de que volviera a caminar. Sus superiores, conscientes de que un puesto administrativo le mataría tanto como tener que irse a casa, decidieron darle una oportunidad como investigador, aunque tuviera que hacerlo desde su ordenador conectado a Internet. Pero, de todas formas, no le permitirían trabajar en casos complejos o que requiriesen mucha rapidez o trabajo de campo. En cambio, se encargaría de losç casos difíciles, es decir, de los que nadie quería por imposibles, o de los casos sin resolver. De hecho, en eso había ocupado su tiempo durante el último año: un caso que además de estar abierto, era de los que nadie quería coger".