miércoles, 13 de julio de 2016

Mixar López: 'Prosopopeya: la voz del encierro' (y 4)

Los que habéis llegado hasta aquí, los que habéis leído el primero de los relatos inéditos de Mixar López en su Prospopeya, debéis saber a estas alturas algo importante. Mixar López es bastante inaccesible. Su vida depende de ello. La ha reconstruído. Sí. Pero el pasado le persigue con un arma en las manos llena de balas y plomo que llevan su nombre. Sí. Lo confirmo. Mixar es el 'burrero' del cártel de Sinaloa del que habla en esta crónica-relato o un personaje reconstruído a partir de sus vivencias. Mixar pasó diez años en el peligroso 'Cereso de Uruapan' y aún lo sigue pagando caro. Pero eso no le hace menos escritor. Es un gran cronista, columnista y narrador, con un estilo que no admite comparación y con una cultura que empezó a adquirir en la biblioteca del presidio que os ha descrito.
Ahora, si queréis, seguir leyendo. Acabad el relato. Mañana, la entrevista.


(...)"Yo era como el hijo bastardo de Kurt Cobain y Eddie Vedder, un grungero de la mala escuela, aficionado al ruido y la inexistencia. El marquitos, por su parte, escuchaba música barroca. Me hablaba continuamente de músicos como Cesare Bendinelli, Paolo Quagliati y el cabrón de Hieronymus Praetorius, ese hombrecillo alemán que gustaba del órgano y la onda renacentista; de este último escuchábamos todas las tardes su Magnificat en latín, misa que poníamos especialmente los días de visita, o lo que yo llamaba “El Nalgometro”, cuando todas las nalguitas, —incluida mi Reyna— desfilaban por los pasillos del bosque de hormigón uruapense, sedientas de faje y olvido".

"Al Marcos, ese varoncillo callado y taciturno, capaz de hundirle un gancho de ropa en la garganta a cualquiera, le debo mi cultura de hombre de clase media. Además del chess y la música barroca, le debo las letras, es raro, porque por lo general, la mujer que te da la vida, te procura las letras también, pero mi jefa sólo sabía historias burdas, chismes más bien, y un niño de cinco años no sabe qué hacer con las hablillas, más que imitarlas. Por eso El Marcos me enseño lo que es la literatura ¿You know?, los putos soviéticos, Papá. Así entré a los clásicos por la puerta Rusa: Pushkin, Gógol, Dostoievski, Tolstói, Chejov y Máximo Gorki mi favorito, ¿por qué?, bueno, el tipo fue un puto vagabundo por toda Rusia, las crónicas de sus hambres, locuras y avenencias están escritas en su libro “Los Vagabundos”. La pura neta, un tipo férreo, cojonudo. A base de billetazos, nos hicimos encargados de la “Biblioteca” —otro puto fundillo de rata— éramos nosotros quienes nos encargábamos de pedir a las editoriales los libros mas anómalos en inusuales del mercadillo editorial. Libros de la onda y el crack de México, un vergel".

"No sé cómo pagarle al Marquitos, salió antes que yo, y aún así me seguía cuidando el carbón, me mandaba Big Mac´s de McDonald´s, camarones deliciosos, o perico, que me hacía llegar con un custodio de nombre Don Mayito —por su parecido con el Patiño de Paco Stanley— aunque la neta, la mejor droga se movía siempre adentro, incluso había gente de afuera que venía a comprarnos a nosotros; eran tiempos prósperos aquellos, de una paz a punta de tablazos en las nalgas de los que se interpusieran en nuestro camino de drogos cultos encerrados".

"Del Marcos no conservo ni una foto, no tengo nada, más que las reminiscencias, sus expresiones en las citas de los viejos rusos, en las misas renacentistas, en un jaque mate bien ejecutado. Desearía poder verlo y retribuirle, invitarle unas chelas o pagarle una puta, reorganizar nuestras miserables vidas. Pero estamos maleados, desde el puto tuétano hasta la coronilla. Recuerdo sus ultimas palabras, al Marcos, igual que a la mamacita de la Highsmith, no le gustaba la moral, pero sí la honestidad: “No te contagies de la mediocridad de la gente podrida, continúa preparándote para enfrentar la maquina que te espera afuera, no dejes que cumplan con el cometido de sacarte del juego, no dejes que te cojan vivo.” Hablaba posiblemente del ajedrez, el Marcos lo conversaba todo en metáforas el cabrón, en fin, seguí en el juego, desde mi propia trinchera, no sé si para bien o para mal, sólo sé que la cárcel es una tremenda educación en la paciencia y la puta perseverancia, You Know What I Mean?".

martes, 12 de julio de 2016

Mixar López: 'Prosopopeya: la voz del encierro' (3)

El protagonista de esta historia es un "puto burrero" del cártel de Sinaloa liderado por Joaquín "El Chapo" Guzmán. Entra en el duro penal del 'Cereso de Uruapan' una tarde abril de 1998 con un sol rabioso. "La “cárcel” era un bunker de presos con delitos federales que creían dominar el lugar, la mafia siempre preside la caterva en ese tipo de lugares, una tuerca que aprieta hacia adentro. Las personas tienen una idea equivocada de la prisión, gracias a la podrida maña de creerle a la televisión", narra en primera persona el protagonista en entregas anteriores.
Esta es la tercera de cuatro con las que el escritor mexicano Mixar López completa este relato inédito: 'Al penal por la puerta grande y a los clásicos por la puerta chica'. Mañana terminará esta apasionante narración que ha cedido en exclusiva a Libretería:



(...) "Yo me afanaba en el baloncesto, ¿sabes? retas a media pista, veintiunos, relojes, netballs y líneas de triples. Era un buen jugador, me mantenía al margen del deporte. Pasaba todo el día botando la maldita pelota, rascándome las bolas sobre los shorts de lycras e imitando a Michael Jordan en su mítica clavada de 1988 en el desaparecido Chicago Stadium, la antigua casa de los Bulls. En esa época nadie me tocaba, yo no parecía entenderlo, porque aunque el Cereso se entendiera como un Kindergarten, no había día en que regresara a mi dormitorio teniendo que sortear todo tipo de manchas de sangre del suelo: gotas, salpicones, barrizales, pequeñas lagunas. Lo comprendí hasta después, otro preso precoz había corrido el rumor de que yo era sobrino de Sabás López, pero no el delantero del Tampico, sino el acorazado de Zihuatanejo. Y era cierto, mi tío Sabás era un hijo de la chingada, un desalmado al que Paulino Vargas le había compuesto un corrido que interpretarían después Los Tigres del Norte, una crónica exacta de su muerte: “Yo no se si lo buscaban / pero lo agarraron lejos / lo mataron por la espalda / allá por Zihuatanejo”. Era el morbo de los demás el que me dejaba moverme por libertad en todos los rincones del culo de roedor, siendo respetado. Eventualidades y patrimonios de la fucking vida".


"Fue precisamente cuando estaba en la basca que vi al marcos, estaba sentado en la gradas. Al Marcos todo mundo le temía ¿you know?, y me estaba observando fijamente, tanto que de los nervios no podía siquiera botar el balón con naturalidad, el tablero me parecía lejanísimo y la bola de mierda parecía de un peso apoteósico. El Marcos me estaba observando a mí, y yo no hacía más que hacer el ridículo en la cancha. ¿Qué putas me había visto?, ¿qué buscaba en mí?, ¿quería madrearme? Era mejor averiguarlo lo antes posible. El Marcos tenía varo y tenía poder dentro del Cereso recreativo; yo ya sabía algo de él, ese discernimiento consistía simplemente en que: el no le hablaba a nadie, ni nadie le hablaba a él. Era un completo psicópata el Marcos, había caído ahí por privación a la libertad, un secuestrador inhumano, de esos de sangre fría, como los pingüinos, si es verdad que los putos palmípedas tiene la sangre fría. Era un indígena puro el cabrón, anteriormente se encargaba de eliminar personas en México y otros países, una especie de sicario refinado o silencioso asesino a sueldo; pero había caído a Uruapan por descuidos también. El Cereso parecía el puto recreo de todos los pendejos que habíamos cometido los más ridículos errores al momento de nuestra detención. Al marquitos los agarraron por secuestro Express. El vato era un estudioso, además de liquidar y secuestrar cabrones por todo el mundo, estaba terminando la universidad, era físico matemático el cabrón".


"El trato era el siguiente, yo le enseñaría a jugar baloncesto y él me ilustraría en el ajedrez: El objetivo del juego, el tablero, las piezas y sus movimientos, la colocación de las mismas y las capturas excepcionales, como por ejemplo, la promoción de peones: “Cuando se alcanza con un peón la última casilla de una columna, deberás cambiarla dentro del mismo movimiento por una dama, torre, caballo o alfil del mismo color. Tu elección no se limita a las piezas que ya hayan sido capturadas anteriormente, pendejo”, decía el marquitos, y el chess y la basqueada se convirtieron en los días venideros del Centro Recreativo Uruapan. Nos habíamos adueñado de la biblioteca, primero para considerar al ajedrez —según El Marcos— como una “carrera” con dos objetivos: Controlar la mayor cantidad de tablero posible y poner en juego la mayoría de las piezas de ataque, para así evitar mover la misma pieza dos veces durante el comienzo. Una carrera, decía marquitos, pero, ¿para qué jugar vertiginoso en un espacio en donde al tiempo le daba hueva menearse?, ¿en donde los segundos y los minutos le valían madre al puto Dios Cronos?, así que comenzamos a interesarnos en otras cosas, la música por ejemplo" (...) 




lunes, 11 de julio de 2016

Mixar López: 'Prosopopeya: la voz del encierro' (2)

El AK42, de fabricación soviética, fue el arma emblemática con la que, al grito de pan, tierra y libertad, se hicieron las revoluciones centroamericanas de los '80 en el siglo pasado. Mixar López es un escritor mexicano que empuña la palabra con un estilo muy personal y sus mensajes destellan en ráfagas contra un poder establecido que nos condena al hambre y a la miseria. Lo hace desde una realidad dura, cruel, sin concesiones. Por eso le llamo AKLópez42. 

Esta es la segunda entrega del folletín que iniciábamos el viernes con su obra inédita y que sólo podéis leer estos días en Libretería: 'Prosopopeya, la voz del encierro'. El relato que os estamos ofreciendo se titula 'Al penal por la puerta chica y a los clásicos por la puerta rusa'.

Mañana, la tercera entrega del folletín.



(...)"La confianza no tiene que ver con técnica, trucos o herramientas, sino con carácter, y mi carácter era alebrestado, para qué les voy a mentir, cuando alguien me preguntaba ¿qué llevas ahí?, yo les contestaba de manera desinteresada, —llevo quesos, o qué crees que llevo ¿una bomba nuclear?, ¿vas a pensar que llevo un AK-47 en un queso Cotija? Ese tipo de respuestas fatuas ofuscaron a federales y soldados durante dos años. Es la confianza, ya te digo, el pegamento que une todas las relaciones, el que cierra los tratos, pero como dijo Warren Buffet, el inversor gringo que nada sabe de quesos pero sí de empresas: “Se necesitan veinte años para construir una reputación y cinco minutos para arruinarla” y la mía, la de burrero especializado en transporte de marihuana se derrumbó en veinte minutos. Ni modo, el queso es hediondo, y te puede apestar la vida".

"El ingreso al Cereso fue surrealista, como estar dentro de “Destino”, aquella película de Disney y Salvador Dalí. Un lugar enorme con mucha tensión comprimida, a punto de estallar. La “cárcel” era un bunker de presos con delitos federales que creían dominar el lugar, la mafia siempre preside la caterva en ese tipo de lugares, una tuerca que aprieta hacia adentro, siempre para adentro. Qué construcción tan horrenda era el Cereso uruapense, toneladas y toneladas de hormigón utilizados en la reclusión, el temor y la más espantosa de las estéticas feístas. Un verdadero culo de rata que llevaba el púdico eufemismo de centro de rehabilitación, una oda al vómito y la desesperanza. A diferencia de otros Ceresos, en el de Uruapan íbamos ostentando nuestra miseria textil, es decir, íbamos vestidos de civiles, además de eso, éramos consignados a extremistas dormitorios privados, no sin antes permanecer en observación, una estadía que podría durar días, meses o años; ese tiempo en reflexión era relativamente “importante”, ya que de esa estadía dependía tu futuro dentro o fuera del lugar. Ahí podrían conocerte o darte por el culo, y a partir de eso, estar al tanto de tus aptitudes: De lo grande o pequeño de tu verga, o del ángulo de tus nalgas".

"Las personas tienen una idea equivocada de la prisión, gracias a la podrida maña de creerle a la televisión. El cine se ha encargado de mantener un orden ilícito y sucio dentro de las cárceles, y quizá sea acertado, pero sin todos esos actores bonitos que caracterizan ese circulo vicioso del policía y el ratón. El Cereso de Uruapan era un Centro Recreativo a diferencia de los planteados por Hollywood, vamos, que yo no estaba en la Alcatraz de Al Capone, ni en la Isla del Diablo de la Guyana Francesa, me encontraba en un parque animado, en donde todos los días eran putos días libres, por no decir de fiesta. Los presos corrían por el inmueble como Heidi en los campos y praderas suizas, un verdadero fiasco autoritario"(...) 



jueves, 7 de julio de 2016

Mixar López: 'Prosopopeya: la voz del encierro' (1)

A veces. Sólo a veces encontramos en nuestra vida gente extraordinaria con un talento extraordinario. Tengo en eso una suerte desmedida, endemoniada o poco frecuente. Desde que arranqué este proyecto de Libretería he compartido con vosotros algunos de esos talentos que busco sin buscar en mí o, por el contrario, me tropiezo de narices con ellos cuando no soy capaz de verlos. Este que os voy a presentar es uno de esos. Y es especial. Cuando leáis lo que escribe y cómo lo escribe comprenderéis lo que quiero decir. A mi me ha dado por llamarlo el nuevo Truman Capote mexicano. 

Existía a principios del siglo pasado una sección en los periódicos hoy olvidada y desterrada. Le llamaban folletón o folletín. Voy a recuperarlo para vosotros con este relato: os lo ofreceremos  íntegro y en entregas. Es inédito. No está publicado. En argot periodístico: es una exclusiva mundial. Parte se publicó en México. Lleva por título: 'Al penal por la puerta chica y a los clásicos por la puerta rusa'. Más que una historia de relatos son los relatos de una misma historia que el autor ha reunido en una obra que ha llamado 'Prosopopeya: la voz del encierro'. 

Concluído el folletón -más bien folletín- os contaré lo que sé de su autor: Mixar López. Volveré a sorprenderos. Y repito sólo vais a poder leer este obra aquí, en La Libretería. Empieza así:




Al penal por la puerta chica y a los clásicos por la puerta rusa

¿Puede extrañar que la prisión se asemeje a las fábricas,
 a las escuelas, a los cuarteles, a los hospitales,
 todos los cuales se asemejan a las prisiones?
                                                                                                            Michel Foucault


"Era un Sol rabioso el de aquella tarde de abril de 1998. Los azules que me llevaban a prisión hacían “chistes” entre ellos. Simple rutina, fanfarronería del poder iletrado. Eso eran las personas que me arrestaron, unos simples analfabetas funcionales al servicio del Estado, carne de cañón, carroña en descomposición. ¿Quién era yo? Un narcotraficante profesional caído a cuestas por errores milimétricos, por causecuencias y gajes en el oficio del transporte de droga".

"Delitos contra la salud en su modalidad de transporte de mariguana, esa fue mi infracción y según el fucking artículo ciento noventa y cuatro del título séptimo, se me impusieron diez años de prisión por producir, transportar y fabricar narcóticos. Diez años, la cantidad, la cifra, el número, el tiempo, no los tenía en la mente, no lo había calculado aún, escuché “diez años” como había atendido los chistoretes pueriles de los uniformados, es decir, sin gracia alguna, con todo mi desprecio, mi puta indiferencia. Diez años, ¿cuántas cosas pueden pasar durante ese lapso de tiempo? La inocencia de un niño, la de mi hija Irán, la madurez del árbol que plantamos juntos, las cintas que no veríamos en el cinema, toda la música, los días tirados al Sol frente al mar, el pueblo de Guerrero siendo violentado o rehabilitado, todas aquellas calles que no recorrería con mi esposa Reyna. Aún no lo sabía, ¿qué era para mí una década? NADA, un montón de días curis con sus horas almidonadas, abotargadas en una vida gris y hastiada hasta su madre. No son nada para quien ha entregado su vida al servicio de la droga. Quizá tenía los saquillos llenos de dinero hasta ese momento, pero mi mente se encontraba completamente vacía, eso pasa cuando la nada supera la realidad, y diez años bastarían para reprogramarla. Así entré por primera vez al puto Cereso de Uruapan Michoacán".

"Me había abrigado el Cártel de Sinaloa, fundado en el ochenta y nueve, y aún liderado por Ismael Zambada y Joaquín “El Chapo” Guzmán. Aunque mi jefe directo era un especialista en “el clavo”. Un tipo de nombre José de Guerrero, narcotraficante a nivel Estado, especialista quirúrgico en ocultar la droga y diseñar rutas para el Cártel. Itinerarios diseñados en su mayoría para el Cártel de Tijuana. ¿Qué cual era mi trabajo? El transporte, yo era un puto burrero, uno de los buenos, entregaba la droga a los diferentes puntos, claro, en cantidades no tan grandes para que lo cabrones de más alto rango no tuvieran tanto arriesgue. Y lo hacía bien, aunque quizá te parezca algo irrisorio: Transportaba la droga en taras de plástico, de polietileno y de goma, con dos capas de queso y quince kilos de marihuana. El destino era el Distrito Federal, o la nueva Ciudad de México —gracias a la impericia de Mancera— de ahí era recogida por gente del Cártel de los Arellano Félix".

"Dicen que los que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo, ahora precisamente lo estoy perpetuando, escribo no a manera de moral, porque la moral envenena, es una vieja herramienta de los débiles, los incautos. A mí, como a Patricia Highsmith, me interesa la moral, a condición de que no haya sermones"(...)  



Isabel Salas: 'Navaja de llavero'

Isabel Salas acaba de publicar 'Navaja de llavero', segundo libro de su colección 'El canario y la máquina de coser' que ya os presentábamos en este blog  el 16 de junio. De nuevo repite portada con la maravillosa artista vallisoletana Nuria Velasco. El talento se atrae. 

Para los que ya conocéis a la escritora malagueña y aún no habéis leído Navaja: sube la intensidad, mejora extraordinariamente. Para los que aún no habéis leído nada suyo... Puedo deciros: es distinto, fresco, brillante, emotivo, apasionante, triste, alegre... Pero seguiría sin aproximarme, ni por asomo, a la belleza de sus pensapoemas, historias, relatos, textos... O como quieran definirse. Sólo su lectura os acercará a su literatura. 

Podéis comenzar con este pasaje literal del relato que da nombre al segundo libro de la colección 'Navaja de llavero':


"Mirar un cielo lleno de cometas es como mirarte. Mi corazón se ensancha con una sonrisa lavada por las lágrimas que inevitablemente se salen de mis ojos, pues todavía no consigo pensar en ti sin llorar ni asimilar tu muerte. Decir tu nombre en alto también está descartado por ahora, pero estoy trabajando en eso. Y en el labio de abajo, que se pone a temblar si quiero contar algo que me pasó contigo o que hicimos juntos. En realidad todos los cielos me recuerdan aquel cielo de otoño en Fuengirola, que es el recuerdo perfecto para sentir lo mucho que te quiero y las ganas de hablar contigo que no se me quitan. De contarte mis cosas. De escuchar tus secretos. No se me quitan ni un poquito si quieres que te diga la verdad, aunque sé que esta vez te gustaría que te dijera una mentira para no ver como sufro. Así como las cuerdas tiran de las cometas y las van orientando para que se levanten cada vez más arriba, el cielo tira de mi cuello y mi cabeza se levanta elevando mi mirada que busca tu avión. Aquel día me dijiste como tantas veces, ven vamos a hacer una cosa, y como siempre, aquello podía significar dos horas o tres días haciendo cosas contigo. Un paseo para comer chanquetes o un viaje a Sevilla para probar el Mini recién arreglado, pasar en casa de alguien a buscar unos discos o irnos a robar higos hasta llenarnos la barriga de frutas ilegales y la boca de risas. Salir contigo a hacer algo era salir a vivir unas horas de cosas buenas hasta que tú dijeras que era la hora de volver, y la hora era siempre la misma. La hora de parar. Una hora que tú decidías según la Ley de Eric. Lo hacemos hasta que duela y después paramos. Hasta que duela o ya no se pueda. Así me decías. Lo hacemos hasta que aguantemos. Hasta que duela la barriga de reír o de comer. Hasta que duelan los ojos del humo de la discoteca. Las piernas de bailar. Los pies de andar. Hasta que esté oscuro y ya no se vea. Hasta que nos pillen o Dios nos fulmine con su rayo. Hasta que se pueda"

miércoles, 6 de julio de 2016

Jordi Díez: 'La Virgen del Sol'

Con 'La Virgen del Sol' Jordi Díez ha terminado de conquistarme. Literariamente, claro. Su punto más místico que religioso, más pegado a la filosofía y las creencias que a los ritos, me pone. Literariamente, por supuesto. 'La Virgen del Sol está ambientada en los desconocidos tiempos del incanato y más concretamente en los de la construcción de la mágica Cuzco que, en este relato, coinciden con los de la edificación del misterioso Templo del Sol del Machu Picchu. Licencias de autor que justifica en el epílogo.

Mientras cuenta una historia que seduce y emociona, aporta con facilidad grandes dosis de conocimiento e historia. Construye sobre los cimientos de un lenguaje que te transporta al momento, al lugar y a sus gentes. Tras su lectura te costará resistir la tentación de correr inmediatamente hacia los lugares, que no a los tiempos, de los que ha hablado. En 'La Virgen del Sol', Jordi es más Jordi que en El Péndulo de Dios... Pedazo de escritor. Este es un pasaje literal de esta novela:


"Vestía una túnica blanca sacrílega, de uso restringido a las vírgenes del Sol, que saltaba a la vista no era de su talla. Uno de los tirantes que debían cubrirle los hombros resbalaba por su brazo derecho, dejando a la vista dos pequeños granos de maíz rosado. La correa que le ceñía la cintura creaba tal pliegue de ropa que hubiese bastado para confeccionar un vestido a su medida. Los pies, desaparecidos. A un movimiento de su mano, un soldado descubrió el rostro de la niña, oculto tras una reluciente melena negra".
"Si Rascar Capac había creído que la noticia del Inca iba a ser la mayor sorpresa del día, sin duda andaba bien errado. Tantas señales en un solo día no podían ser fruto de la casualidad. Inti lo estaba mirando a los ojos, reconoció en aquellas dos luces toda la fuerza de Mama Ocllo, la hija del Dios Creador Viracocha, la primera mujer en habitar la Tierra, la esposa de Manco Capac. A punto estuvo de postrarse a los pies de aquella niña, pero consiguió mantener la compostura necesaria para mostrarle, con un giro de cabeza, el camino que debía seguir tras él".

lunes, 4 de julio de 2016

Roberto López-Herrero: 'Normal'

Con 'Normal' me ha pasado lo mismo que a Benito Olmo: "me lo leí de una sentada". En mi caso fueron varias (leo en el Cercanías de 'Madrid Disculpen las Molestias', en varios trenes y con huelga por medio). Ingenioso, agudo, irónico e inteligente. La incursión de Roberto López-Herrero en la novela policíaca es brillante, como si lo hubiera hecho toda la vida. Él, que es modesto, dice que le debe mucho a sus crítico-amigos, su editora... Y si le dejáis le pasa lo que a Pedro Almodóvar: te mienta hasta la Virgen de Guadalupe. Es su primera novela en este género, pero no porque sea un escritor novato. Nada de eso. (En aras a la brevedad, no pienso escribir aquí los títulos de sus dos novelas anteriores). Es que le gusta picotear de género en género y no siempre liba precisamente de los néctares que más le atraen. No os voy a contar nada de 'Normal'. El título lo dice todo: "el asesino es normal". Os la leéis, os lo pasáis bien y se lo agradecéis a Roberto. Aquí os dejo un aperitivo dramático. Eso sí, salpicado de algunas de sus habituales notas irónicas:


"Me obsesioné con contar los destellos de luz en la esquina de la televisión. Mil ciento doce en no sé cuánto tiempo, pero eso también acabé detestándolo, odiándolo".
"Odiaba todo. Me odiaba a mí, odiaba a Manu, odiaba al tipo que le había disparado, a la Tacones por haber aparecido, a Vila por haberla llamado... Odiaba a Lara porque me faltaba, pero no la quería cerca. No así. No conmigo en ese estado. El odio era cómodo, era confortable. Me hacía sentir algo al menos, no esa quietud forzada por la agresividad de sonidos y olores que se aliaban con la gravedad de la Tierra para aplastarme".
"Me quería morir y tenía miedo a morirme a la vez. Pensaba en todo el daño que iba a hacer a la gente que me quería si moría, pero también en que lo único lógico era que yo muriese. Así funcionaba mi cabeza, traicionándome en la oscuridad, poniéndome en la tesitura de elegir entre la vida angustiosa y la muerte aterradora. Todos estamos un poco muertos cada día."